
“Ni venganza ni perdón”: la confesión de Scherer que sacude a la 4T
Scherer rompe el silencio sobre la 4T, desentrañando en su libro corrupción, traiciones y extorsión.
La publicación de Ni venganza ni perdón, el testimonio del exconsejero jurídico de la presidencia, Julio Scherer Ibarra, ha caído como una bomba de tiempo en el escenario político nacional. El libro, presentado editorialmente como un ejercicio de honestidad, revela las guerras internas, las extorsiones y la manipulación en el círculo más íntimo de Andrés Manuel López Obrador.
Scherer Ibarra, quien fuera uno de los hombres más poderosos del sexenio, narra su tránsito desde la “hermandad” con el expresidente hasta el exilio político, empujado por lo que él describe como una maquinaria de persecución orquestada desde la Fiscalía General de la República (FGR) y la Secretaría de Gobernación. Sin embargo, críticos mencionan que el texto arriba a las librerías dolorosamente tarde, cuando el daño institucional ya es profundo y sin que las graves acusaciones plasmadas en sus páginas hayan transitado hacia una denuncia formal ante las autoridades, dejando en el aire la interrogante sobre si se busca justicia o simplemente un ajuste de cuentas literario.
Intrigas palaciegas y la extorsión como política de Estado
Uno de los ejes centrales del texto es la guerra abierta contra el fiscal Alejandro Gertz Manero y la exsecretaria Olga Sánchez Cordero. Scherer describe un ambiente tóxico donde la justicia se utilizaba como moneda de cambio para vendettas personales. El autor relata cómo Gertz Manero replicó las amenazas que décadas atrás le hiciera Francisco Gil Díaz, advirtiéndole con cinismo: “Tú tienes dos opciones: estamos juntos y eres amigo del Gobierno o te pones del otro lado”. Esta declaración no es menor; dibuja a una Fiscalía que, lejos de ser autónoma, operaba bajo la lógica de la extorsión política y la fabricación de culpables, avalada por el silencio presidencial.
El libro también menciona el llamado “huachicol fiscal”, un esquema de corrupción que drenó miles de millones de pesos del erario bajo la mirada complaciente de funcionarios que aún ostentan poder. Scherer detalla cómo el diagnóstico inicial sobre el robo de combustible fue erróneo o manipulado, desviando la atención de las aduanas y el crimen organizado de cuello blanco hacia el robo hormiga en ductos . A pesar de la gravedad de estas afirmaciones, que involucran redes de delincuencia organizada incrustadas en el Estado, no existe constancia de que el exconsejero haya presentado pruebas ante las instancias correspondientes, reduciendo el crimen a una narrativa de memorias.
La manipulación de los “puros” y la sombra del echeverrismo
Scherer carga con dureza contra figuras como Jesús Ramírez Cuevas, a quien señala como artífice de una manipulación mediática y política que aisló al presidente de la realidad. Lo acusa de operar “decretos a la medida” y de sembrar discordia mediante la radicalización del discurso oficial. Sopre esto, Jorge Fernández Menéndez en el prólogo traza un paralelismo histórico con el sexenio de Luis Echeverría.
El expresidente López Obrador aparece en el texto como una figura dual: el líder carismático capaz de despertar una fe casi religiosa, y el mandatario que permitió, por omisión o conveniencia, que sus subordinados se despedazaran entre sí. Scherer recuerda una advertencia profética que le hizo AMLO: “Cuando yo salga del Gobierno, van a ir contra ti. No lo dudes. El poder no perdona”. Esta frase revela que el tabasqueño era plenamente consciente de la podredumbre moral de su entorno y, sin embargo, decidió no intervenir, priorizando el equilibrio de fuerzas sobre la ética pública.
Justicia de papel, impunidad real
La recepción de la obra ha sido ambivalente. Si bien valida las denuncias de la oposición sobre el uso faccioso de las instituciones, deja un sabor amargo de oportunidad perdida. Los críticos mencionan que las revelaciones de Scherer pudieron haber cambiado el rumbo de una administración que profundizó la polarización y debilitó el Estado de derecho. Hoy, con los protagonistas fuera del foco o blindados por el nuevo gobierno, el libro se lee como un inventario de tragedias que no tendrán castigo. Agregan que México no necesita anécdotas de sobremesa ni lamentos de exfuncionarios caídos en desgracia; necesita que quienes vieron y callaron rindan cuentas ante la ley, no solo ante sus lectores.










